Escenografía navideña

La navidad me gusta, pero siempre me ha parecido rara. Me inspira poco o nada. Aunque no voy por la vida como una versión caribeña de Ebenezer Scrooge, primero porque tengo poco temperamento caribe y luego porque soy de los que piensa que la vida es una fiesta para la cual recibí pases vip, creo que, más allá de una celebración se ha convertido en el intento o en la pose de una celebración. No se si es por la crisis, andamio en el cual se sostiene toda nuestra idiosincrasia desde el inicio de los tiempos, pero la navidad propiamente, en Venezuela, no se siente sin la presencia de todo un ornamento, con efecto titilante, que rápidamente pasa de advertirte a asfixiarte.

Mi problema con la navidad no se reduce solamente al ornato. Cualquier persona con algo de puntería y sensibilidad gráfica, plástica o paisajística entenderá que la navidad no puede ser solamente la convivencia con un lenguaje visual tan predecible e incongruente como el de nuestra época decembrina. Recuerdo las vitrinas de tiendas caraqueñas repletas de batiburrillo de anime con serias aspiraciones de nieve groenlandesa, escarchados venados, muñecos de nieve y nórdicos san nicolases flanqueados por cascanueces de madera patinada con clara identidad alpina. Todo esto conviviendo a duras penas con furrucos, alcaparras, mostacillas y triqui-traquis, me confirma que sin la existencia de estos elementos estéticos o antiestéticos, poco podríamos decir de la “notable” temporada. Es así como se comienza a extrañar, en sentido figurado, el calor, nuevamente en sentido figurado, de la navidad.

En estas, mis segundas navidades australes, me he dado cuenta, gracias a la casi total ausencia del look navideño ártico en Buenos Aires, de que se puede sobrevivir a estas fechas sin montar una escenografía polar a nuestro alrededor. Claro está que la inminente coincidencia con el apretado verano en esta parte de la tierra tiene su mano metida en el asunto, pero después de todo nuestra tropicaliente Venezuela está bastante lejos de ser azotada por una ola de frío que combine con la ropa térmica de Mrs Noel. Es eso o que por aquí el espíritu Indie está democratizado. Una de dos. O las dos.

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There is 1 comment for this article
  1. Anonymous at 9:58 pm

    No lo había visto de esa manera. Es cierto, todos los años se pierde un poco más de la navidad y todo pasa a ser una fiesta consumista y sobre decorada. Sin la decoración, no hay navidad.
    Tenés toda la razón pelotudo.

    Besos
    JM

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